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Cuánto cuesta la publicidad para una inmobiliaria

Es la primera pregunta de casi toda inmobiliaria que se plantea invertir en digital, y casi nadie la responde bien. Aquí no vas a encontrar una cifra mágica, porque no existe: vas a encontrar cómo se calcula la tuya.

· 7 min de lectura

Por qué nadie te puede dar un precio por teléfono

Cuando preguntas cuánto cuesta la publicidad para tu inmobiliaria y alguien te suelta una cifra en los primeros dos minutos, sin haberte preguntado nada, esa cifra no significa nada. Es un precio de catálogo puesto para que no cuelgues.

El coste real depende de cosas que esa persona todavía no sabe. En qué zona trabajas, porque no cuesta lo mismo aparecer en una capital saturada que en una ciudad media. Qué producto tienes, porque captar comprador para un piso de entrada no se parece a captar comprador para una villa. Y sobre todo qué necesitas: si tu problema es que no tienes inmuebles, invertir en captar compradores es tirar el dinero, y al revés.

Una propuesta seria empieza por preguntarte cuántas operaciones cierras al mes ahora, de dónde salen y cuál es tu comisión media. Sin esos tres datos, cualquier presupuesto es humo.

Los tres costes que se mezclan (y que deberías separar)

Casi todo el mundo mete en el mismo saco tres cosas distintas, y de ahí vienen la mayoría de los malentendidos.

La inversión publicitaria es el dinero que va directo a Meta o a Google. No se lo queda la agencia: se lo queda la plataforma. Es la parte que puedes subir o bajar cada mes y la que más rápido notas.

La gestión es lo que cobra quien monta, vigila y optimiza esas campañas. Se paga aunque el mes sea flojo, porque el trabajo se hace igual. Aquí es donde de verdad se nota la diferencia entre alguien que revisa las campañas cada semana y alguien que las deja corriendo.

La producción de contenido son las fotos, los vídeos, los textos. Es el coste que más se olvida al presupuestar y el que más condiciona el resultado, porque un anuncio con material malo cuesta lo mismo de servir y convierte mucho peor.

Cuando compares dos propuestas, comprueba primero que las tres partidas están separadas. Si vienen en un único número, no estás comparando lo mismo.

Cómo calcular cuánto puedes invertir tú

Dale la vuelta a la pregunta. En vez de preguntar cuánto cuesta, calcula cuánto te puedes permitir.

Empieza por tu comisión media por operación cerrada. Decide después qué parte de esa comisión estás dispuesto a reinvertir en conseguir la siguiente: hay quien está cómodo con un diez por ciento y quien, en fase de crecimiento, destina bastante más. Multiplica eso por las operaciones que quieres cerrar al mes y ya tienes tu techo mensual.

Ese número no es lo que vas a gastar, es lo máximo que puedes gastar sin que la operación deje de tener sentido. A partir de ahí se decide el reparto entre inversión, gestión y contenido.

La ventaja de hacerlo así es que dejas de negociar sobre precio y empiezas a negociar sobre resultado, que es la conversación correcta.

La métrica que importa no es el coste por lead

El coste por lead es la métrica que más se enseña en las propuestas y la que más engaña. Un lead barato que no coge el teléfono es más caro que uno carísimo que firma.

Lo que de verdad tienes que mirar es el coste por operación cerrada: todo lo que has invertido en un periodo dividido entre las operaciones que has firmado gracias a esa inversión. Es un número más lento de calcular, porque el ciclo inmobiliario es largo, pero es el único que te dice si esto funciona.

Para poder calcularlo necesitas dos cosas que no dependen de la agencia. Preguntar a cada cliente cómo te ha conocido y apuntarlo. Y llevar un registro mínimo de qué pasa con cada contacto que entra. Sin eso, dentro de seis meses no vas a saber si el dinero ha funcionado, y vas a decidir por sensaciones.

Señales de que un presupuesto no se sostiene

Hay cuatro banderas rojas que puedes detectar tú mismo antes de firmar.

La primera es que te garanticen un número concreto de leads o una posición en Google. Nadie controla el algoritmo de Google ni la demanda de tu zona. Quien lo garantiza, o no lo sabe o lo sabe y te lo oculta.

La segunda es que no haya permanencia pero tampoco haya reporte. Si nadie te va a enseñar qué se ha hecho y qué ha entrado, la falta de permanencia da igual, porque no vas a tener criterio para irte.

La tercera es que el presupuesto no distinga entre captar propietarios y captar compradores. Son dos trabajos distintos con costes distintos, y meterlos en el mismo saco suele significar que no se ha pensado la estrategia.

Y la cuarta es que todo el peso esté en anuncios y nada en posicionamiento. Los anuncios dejan de traer contactos el día que dejas de pagar. El posicionamiento sigue trabajando. Un plan sano tiene las dos cosas.

Qué esperar los primeros meses

Las campañas de pago suelen dar sus primeros contactos en las dos primeras semanas. Eso es lo rápido, y es también lo que más se enseña para justificar la inversión.

El posicionamiento en Google va por otro reloj. Google tarda de una a tres semanas solo en volver a rastrear los cambios, y las primeras subidas serias se ven a partir del segundo o tercer mes. Posicionar por una búsqueda local competitiva es cuestión de meses de constancia, no de semanas.

Esto no es una excusa, es cómo funciona. Cualquiera que te prometa resultados de SEO en tres semanas te está vendiendo humo, y conviene que lo sepas antes de firmar y no después.

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